| Las 25 estrellas más brillantes |
| Astronomia básica - El firmamento | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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Pero en realidad el número de estrellas que puede captar con sus propios medios la vista humana no es muy grande: en una noche dada tenemos sobre la bóveda del cielo unas 3.000 estrellas observables a simple vista; las que están bajo el horizonte - muchas de las cuales pueden verse a otras horas, o en otra época del año - son otras tantas. Un astronauta, sin estorbos atmosféricos de ninguna clase, podría contar hasta 10.000 estrellas. Un primer intento de ordenar el indescriptible caos que vemos en el cielo puede basarse en su brillo aparente. Podemos distinguir desde estrellas francamente brillantes, capaces de verse ya desde el medio crepúsculo, hasta otras tan débiles que en la noche más cerrada tenemos que esforzar la vista para adivinarlas vagamente. Las primeras son estrellas de la primera magnitud y las segundas son de sexta magnitud. Esta sistema de división en magnitudes fue empleado por Hiparco de Samos, que realizó el primer catálogo de estrellas hace casi 2.200 años; y se impuso a lo largo de los siglos, de modo que hoy es ya imposible prescindir de él. Prolongando la escala en sentido negativo, podemos evaluar que Venus alcanza la magnitud -4, la luna llena la magnitud -13, y el Sol la magnitud -26,7. Unos buenos prismáticos pueden alcanzar hasta la magnitud 9 o 10; un telescopio de aficionado hasta las 12 ó 14, según los casos, y un gran telescopio hasta la 19 ó 20. Una placa fotográfica muy sensible y sometida a condiciones muy especiales, puede registrar, utilizando los mayores disponibles, hasta la magnitud 25. Cuanto más débil es la magnitud, mayor es el número de estrellas que en su nivel encontramos. Hay unas 50.000 estrellas de la octava magnitud, más de un millón de la décima y unos 400 millones de la vigésima. El número total de estrellas que puede captarse por medio de sensores fotográficos es de unos 10.000 millones. Esta suma no llega ni a la veinteava parte del número real de estrellas que hay solamente en nuestra galaxia. Pero el brillo aparente de una estrella no siempre está en relación con su brillo real, porque las distancias a que se encuentran aquellos lejanos focos de luz son muy diferentes. Pude darse el caso -y de hecho se da con mucha frecuencia- de que una poderosa estrella distante nos parezca más pálida que otra débil y cercana. Canopus emite 50.000 veces más luz que Sirio, y sin embargo esta última nos parece doblemente más luminosa. La S del Dorado es quizá la estella más brillante que se conoce, y sin embargo no se distingue a simple vista. Conviene recordar que la intensidad aparente de un cuerpo luminoso varía en razón inversa del cuadrado de su distancia. Por eso una cosa es el brillo aparente y otra muy distinta el brillo real. Para dar valor a este último se ha arbitrado el concepto de magnitud absoluta. Es éta la magnitud que tendría cada estrella si pudiéramos colocarla a una distancia de 10 parsecs (es decir, a 32,6 años-luz). Es lógico que las estrellas más cercanas, al ser alejadas a esa distancia, nos parecerían más débiles, y las lejanas, al ser acercadas a esa distancia común, nos parece´ían mucho más brillantes. L gran mayoría de las estrellas que vemos están más lejos que esos 32,6 años-luz; de lo cual se deduce que, en un catálogo de estrellas, casi todas poseen una magnitud absoluta más brillante que la magnitud visual. Tabla de las estrellas más brillantes
Fuente de referencia: Las 150 estrellas del catalogo Hipparcos Highest Apparent Magnitude Las estrellas más brillantes del hemisferio norte: ![]()
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precisa que la proporción real es de 2,5 (más exactamente 2,512). Así se establece una progresión geométrica en los órdenes de magnitudes, de suerte que una estrella de primera magnitud es 2,512 veces más brillante que una de segunda, 6,310 veces más brillante que una de tercera, 15,852 veces más brillante que una de cuarta, 39,818 veces más brillante que una de quinta, y exactamente 100 veces más brillante que una de sexta. Una buena regla: una estrella determinada es cien veces más brillante que otra cinco magnitudes más débil. Ésa es también la diferencia que existe, más o menos, entre la mayoría de las estrellas más brillantes que vemos en el cielo y las más débiles que podemos distinguir a simple vista en una noche oscura. Pero hay algunas muy aisladas que brillan todavía más que el promedio de las más brillantes, y se les asigna la magnitud cero; y existen aún tres estrellas más brillantes que la magnitus cero (Sirio, Canopus y el Alfa de 








